Vie31Mar202308:36
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Autor: samir karimo
Género: Microrrelato

Lilith

Para quien cree en ángeles caídos entonces deberá conocer la verdadera historia nunca contada de Adán y su relación con Eva y Lilith.

Lilith, de hecho, era la hermana melliza de Eva. Su piel  era más bien oscura y escamosa. Tenía envidia a su hermana y codiciaba a su marido Adán. Mucho había intentado buscar modo de romper esta relación hasta que en uno de sus intentos logró. Hizo un pacto con Belcebú, adquiriendo poderes sobrenaturales. Su fea y escamosa piel le ayudó a prender a su hermana, fusionándose con ella, pegándose literalmente a su cuerpo, quitando su piel y con su lengua bífida y mandíbulas de sierpe paralizó a Eva, derritiendo su cuerpo. A continuación la cocinó y la convirtió en una manzana que le regaló a Adán. Además de la manzana le regaló carne asada con miembros de su estimada Eva  y así sin saberlo Adán que estaba en medio de un trance junto a otros doce ángeles caídos beben la sangre y comen las vísceras de Eva que está en medio a la mesa…

Desata el caníbal apocalipsis infernal

Crédito de la ilustración: Fausto e Lilith, por Richard Westall, 1831

Mié29Mar202322:01
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Autor: Orlando Rodolfo González
Género: Microrrelato

Confesión de verano

En uno de mis tantos cambios de rumbos llegué al barrio de Liniers. Empezaba el secundario, caminaba solo por cada calle que me ofreciera su camino y me detenía en casi todos los parques a fumar mis Phillip Morris (debe ser la relación más larga que tuve, ya llevamos 28 años juntos).
Estaba destinado a ser un hombre sensible. Quizás Sigmund hubiese dicho que por todos los traumas arrastrados desde mi infancia o los cambios hormonales, la pubertad, o porque se me rompía la punta del lapiz todos los días.
Se me ocurrió estrenar el corazón en cuestiones deportivas, musicales y de amor.
Defendía el arco que daba a la calle murguiondo con mucha dignidad, escuchaba Vox Dei con la luz apagada, y caminaba de la mano con una deliciosa pequeña de ojos grandes.
Fue todo catastrófico. Me sacaron la tarjeta roja. Nunca terminé de aprender a tocar una canción que no fuera blues, y su familia no aceptaba a un genio de la historia con pretensiones de rockstar...
De ese momento conservo este obsequio, que fue esplendoroso, y mi primer cuento mas o menos serio: El Valle de los Lobos.
Hoy lo volví a encontrar después de tanto tiempo...
El resto ya lo saben, seguí siendo chueco, petiso, oscuro y vintage.
Pero nunca me perdí.
Saludos, terrícolas!!

Mié29Mar202315:35
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Autor: samir karimo
Género: Microrrelato

reflexiones

El grifo licantrópico comía las entrañas zombíricas, untándose la piel y cobrando una forma humana.

 La llave de piel zombírica abría la piel de las demonias iblisias.

En aquella isla  el infernal demonio Belcebú con sus cuernos serráticos creaba zombiros y iblisias.

los fémures rotos de los licantropos formaban un crucifijo que absorbía la oscura energía espiritual 

el pequeño botón abrochaba el loco espíritu angelical al ojal de la chaqueta infernal

Vivía la galaxia infernal succionaba el oscuro agujero angelical 

La silla se alimentaba de piel humana, convirtiéndola en energía infernal  succionadora de agujeros negros

El ratón Pérez arranca los dientes del gaterro androide y succiona su espíritu

Las ánimas rebeldes querían salir del álbum del muerto a través de ácido corporal angelical 

el átomo bosónico iblísico de higgins fusionó las partículas valkireskas y zombiras en una célula mutante 

Desde la ventana paradisiaca del torso chorreaba una sangre afrodisiaca infernal comedor de almas

El clima cambió la piel humana por piel mutante zombírica

De aquel tallo nacieron brotes zombíricos, iblisios y licántropos

Loa riñones de la cuerda humana colgaban del cuello zombiro multiversal temporal

La bacteria iblisica devoraba por dentro el flujo carnal temporal

El ancla era formada por eslabones de cada alma torturada en los distintos multiversos existenciales irreales

el  eslabón de cada alma torturada formaba en sí el ancla de la lujuria demencial

A través de la telepatía el cuerpo zombiro entraba en el espíritu humano

El zombiro veía en El espejo su esencia licantrópica

el sol iluminaba rayos lunares en el planeta pecado convirtiéndolos a todos en ángeles sangrientos

el angelical androide zombiro devoraba la esencia temporal del multiverso licantrópico

  • En el columbario el seccionado payaso servía como puerta interdimensional entre cuerpos paralelos

El licantropo payaso le gastaba una infernal broma al ángel zombiro caníbal

En aquel ropero se colgaba nlas mutantes pieles del asesino

samir karimo, todos los derechos reservados

Dom26Mar202306:17
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Autor: Erendira Corona
Género: Microrrelato

Ficción

El color azul del cielo es, en sí mismo, una ficción del mar; donde nadan pájaros de colores y una perla blanca —signatura de la extrañeza de nuestro mundo— adorna el collar de una nereida que no es mitad humana ni inhumana y de cuyo canto descendemos suavemente, sin cesar, cada uno de nosotros.

Dom19Mar202323:54
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Autor: Cris Morell Burgalat
Género: Microrrelato

La caída del ángel cansado

Ella había buscado en los libros y en las personas el sentido de la vida.

Pero solo en su interior encontró el sentido de su propia inutilidad y el absurdo de su existencia.

Después de haber probado todas las clases de sufrimiento, con el dolor gastado, su alma sabia que no queria formar parte de este mundo.

Esperó con indolencia a la muerte, con la inquietud de devorarse a sí misma y el fuerte deseo de suprimirse. 

Y, en un instante irreal y desde el borde del abismo se precipitó al vacío.

Mientras, caía pulverizada en cenizas, se transformó en un ángel obsesionado en llegar al infierno para descansar.

En el descenso tuvo frio, un frio eterno, calado en su cuerpo, el frío de la muerte que era  el eco de todas sus muertes anteriores.

 

Foto:

Gaston Roulstone

Dom12Mar202304:57
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Autor: Cuauhtémoc Ponce
Género: Microrrelato

Siete días

 

Sí, en Génesis, Dios descansó al séptimo día después de la creación. Son siete pecados capitales y siete maravillas del mundo. En Japón, existen siete dioses de la fortuna y si nos vamos del otro lado hay siete colinas que conforman Roma y Estambul… En la alquimia, se consideran siete metales: oro, cobre, plata, hierro, estaño, plomo, mercurio… En la literatura medieval se mencionaban siete mares: el golfo Pérsico, el mar Negro, el mar Caspio, el mar Rojo, el mar Mediterráneo, el mar Adriático, y el mar de Arabia.

Siete vidas tiene un gato y, si rompes un espejo tendrás siete años de mala suerte… En música existen siete notas musicales y por si fuera poco la cultura maya realizó siete profecías… En la religión cristiana apunta que existen siete arcángeles y siete príncipes del infierno y la cosa se pone más complicada cuando llegamos al Apocalipsis: siete copas, siete sellos, siete trompetas, siete reyes, siete colinas, siete cuernos… En fin, al parecer el número siete tiene algo cabalístico, profético en nuestra existencia… En lo personal, en mi muy corta historia de amor, bastaron siete días juntos, para darnos cuenta de que eso no conducía a ningún lado.

© Cuauhtémoc Ponce

*Fotografía en el Cementerio San Camilo, Pereira, Colombia.

Dom05Feb202311:11
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Autor: Cris Morell Burgalat
Género: Microrrelato

Amor infinito Amores infinitos

Había infinitud de personas haciendo cola ante una mesa, más bien pequeña, con un hombre, más bien grande, tomando nota en un papel enorme que desbordaba por los contornos de la mesa. El hombre con voz vocinglera dirigía el cotarro.
- El siguiente, dígame ¿Cuánto amor tiene Ud.?
- Bueno yo tengo solo uno…o para uno
- No pasa nada respondió. El vocinglero anotó en el papel. El siguiente¡, gritó a voces.
- Yo tengo tres o cuatro…si rebusco bien puedo encontrar que tengo para cinco amores, incluso...
- Vale vale… busque bien si encuentra más vuelva por aquí. Rápido el siguiente, ¿y Ud.?
- Yo tengo amor infinito.

El hombre por primera vez levantó la vista… y dijo "si-la-bi-zan-do":
- Va-ya, va-ya … esto sí que es extraño. ¿Y lo quiere compartir? ¿ Está seguro? Ud. lleva mucho guardándolo.
- Tengo infinitud de amor para muchos amores y quiero compartirlo, en efecto. Estoy totalmente seguro.

El vociferador de amor, vacilante le respondió:
- pues… me temo tendrá que esperar porque tengo que consultar, la gente suele tener un amor, dos, tres... jamás en la historia nos habíamos encontrado un caso como este. … tener infinitud de amor para infinidad de amores esto es… por lo pronto, desconcertante y nada normal.
- Entonces Ud.es conocedor que posee todos los amores… los carnales, pasionales, platónicos, fraternales, posesivos, imposibles, destructivos, cósmicos, eróticos, amistosos, egoístas, lúdicos, maniáticos, realistas, desinteresados, comprometidos, caprichosos…en fin…

El voceador reclamó la atención a todos los allá presentes y les dijo:
- Esta persona va a compartir su amor infinito…pónganse todos en fila, de uno en uno lo abrazan y luego dejan paso al siguiente. La última persona de la fila que lo entierre.

Vie03Feb202320:12
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Autor: Cuauhtémoc Ponce
Género: Microrrelato

El periodista

 

—El senador Ocampo está en Mérida, Yucatán—. Cuando escuché eso por parte de mi jefe, supe que sería la hora de retirarme.  

Por muchos años fui una leyenda viviente. Estudie periodismo en la UNAM de la ciudad de México, D.F. en aquel entonces.

Entré muy joven en el área de «Periodismo policial» cubriendo la nota roja de asesinatos, robos importantes y esas cosas. A lo largo de más de treinta años de trayectoria, fui reconocido por mis investigaciones periodísticas que no cualquiera se atrevía a indagar en ellas. Gracias a mí: narcotraficantes, asesinos, lavadores de dinero y varios políticos están en la cárcel; y algunos ya murieron. Cubrí eventos importantes como el asesinato de un Cardenal en la ciudad de Guadalajara; así como el de un famoso comediante de la televisión en el año de 1999 en la ciudad de México.

—¿Qué se necesita para ser un buen periodista como usted, maestro? — me había preguntado un joven que estudiaba la carrera mientras yo daba un seminario en la universidad.

—No me digas maestro, mi nombre es Carlos— le contesté y proseguí: —Para ser un buen periodista, se necesita carácter, valentía y amor por la profesión. Ser incorruptible y jamás quedarte callado ante una injusticia. Se necesita ser amigo de malas personas y de vez en cuando, saber comprar a unos cuantos policías; para que te llamen a ti antes de hablarle a una ambulancia, médico forense o mismo a su superior. Ser un buen periodista es aquel que está en el lugar indicado para ser el primero en dar la nota o, mejor aún, estar en el lugar del asesinato antes de que se cometa el asesinato mismo— le explique al joven alumno que, con el tiempo, pasó a ser mi ayudante… Porque seamos realistas, algún día tienes que pasar la estafeta a las nuevas generaciones y uno tiene que retirarse. “Alguien más tiene que seguir dando la nota”, me había dicho mi fallecido maestro… Ese pensamiento llegó a mi mente cuando recibí una llamada de la oficina de mi jefe: —¿Dónde estás, Carlos?

—A las afueras de Cuernavaca, esperando a que el senador Ocampo salga de un evento privado que, estoy seguro, no está con buenas amistades, según mis fuentes.

—El senador Ocampo está en Mérida, Yucatán—. Cuando escuché eso por parte de mi jefe, supe que sería la hora de retirarme.

—Lo siento, maestro, de verdad lo siento— me dijo mi joven alumno mientras colocaba un metal frío en la parte trasera de mi cabeza… tal cual como yo lo había hecho a mi maestro, veinticinco años antes.

© Cuauhtémoc Ponce.

Dom15Ene202318:55
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Autor: Cris Morell Burgalat
Género: Microrrelato

BOCANADAS

 

El aire está cansado de insuflar vida, de dar soplos, está saturado de respiración.

El aire se esfuerza boqueando, como un pez fuera del agua, por repartir respiraciones.

Inspirar, espirar...inspirar, expirar...

El aire oye su débil respiración, agónica sumergida, en palabras respiradas.

El aire exhala su último suspiro.

Me quedo sin aire.

 

 

 

 

 

Foto: Alfred Kenneally 

Dom15Ene202318:37
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Autor: Cuauhtémoc Ponce
Género: Microrrelato

Cámara de seguridad

 
Cada vez es más difícil cometer un asesinato, siento que el tiempo va pasando y mis épocas de gloria van quedando atrás. Esos tiempos donde cometía violaciones y asesinatos perfectos… Ahora no, ahora todo cambió gracias a las malditas tecnologías. Hay cámaras de seguridad por todos lados y hasta la casa más humilde, cuenta con esa porquería las 24 horas. Tenía ganas de matar, de hecho, lo necesitaba… Mi último asesinato fue en un callejón al este de New York; y tengo que reconocer que fue un error demasiado riesgoso, ya que toda la ciudad está infestada con ojos electrónicos que, en conjunto con las autoridades, hacen una ecuación fácil de esclarecer: el forense dictamina el tiempo de evolución cadavérica; se forma un perímetro a la redonda del asesinato, se revisan todas las cámaras del cuadrante conforme a la hora que se pudo cometer el crimen, se identifica a la víctima caminando en las cámaras de seguridad y, ¡voila! Los hijos de puta ya tienen una idea de quién estuvo en el lugar, o quién la iba siguiendo, ¡es una mierda! ...
 
Después intenté cambiar de técnica, mi plan en un principio: fue “pedir aventón” en las carreteras, para ver si alguna mujer se apiadaba de mí y me subiera a su auto. Obvio, no funcionó. Hasta que caí en este pequeño pueblo que, si bien un pueblo no tiene tantas cámaras de seguridad, en estos malditos lugares todos se conocen entre sí. Y cuando ven a un desconocido, todo el mundo se da cuenta.
 
—¿Tiene familia? ¿Hijos? ¿Desde cuándo vive en las calles? — me preguntó una joven muy atractiva que muy amablemente me invitó a comer a su departamento cuando me vio pasando frío a las afueras de un supermercado.
 
—Nada, nunca tuve familia ni hijos, soy del norte de Colorado y vivo en las calles desde hace diez años, fui huérfano y crecí en un orfanato— mentí mientras ella me servía un poco de sopa y ella se sentaba al lado mío. Las circunstancias no podían ser mejor, este día tendría la oportunidad de asesinarla. Pero algo no estaba bien, lo supe porque cuando apenas llevaba la mitad de la sopa, mi vista se puso borrosa y no supe más de mí.
 
— Cada vez es más difícil cometer un asesinato, hay malditas cámaras de vigilancia en todos lados, fue una suerte encontrarte a ti, alguien de la calle, sin nadie que se preocupe por tu ausencia— me dijo la chica cuando desperté: atado en un sótano, mientras se acercaba hacia mí, sonriendo con un cuchillo en la mano.
 
 
Cuauhtémoc Ponce.
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