Vie26May202305:37
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Autor: Gloria Ester Suarez
Género: Microrrelato

¡ GUAPA!

¡ GUAPA! ¡ Muy guapa! frente  a la vida y la muerte asì era mi hermana menor.

Enfrentó diversas dificultades de la vida, de muy jóven se casó a los quince años cuando aún era una niña,  a los diez y seis tuvo su primer hija quién debió crecer con ella, mientras iba aprehendiendo a vivir.

Fuimos muy felices mientras iban creciendo sus hijas y los míos, siempre nos acompañamos, viajábamos juntas a todos lados.

¡Guapa!, cuando decidió un día seguir su camino sola con su hija menor, empezar a trabajar y dedicarse entera a su trabajo.

¡Guapa! para probar suerte con distintas parejas hasta encontrar el compañero ideal.

¡Guapa! para enfrentar una enfermedad incurable que la fue destruyendo poco a poco.

¡Guapa! hasta ser capaz de festejar su último cumpleaños, haciendo todo para agasajar a sus amigos y familiares y luego entregarse en manos de Dios para aceptar su decisión.

¡Guapa hasta en su último suspiro!

Jue25May202318:25
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Autor: Gaizka Azkarate Saez
Género: Microrrelato

AMOR IMPOSIBLE

“Te Quiero”, le dijo con la mirada de una enamorada, “pero sabes que lo nuestro es imposible. Tu misión es iluminar las mañanas y dotar de alegría los corazones de las personas. Yo por mi parte, solo vivo de noche y soy musa de lunáticos y personajes enigmáticos. Estamos condenados a vivir separados, y nada ni nadie puede cambiar esta realidad”.

Que bonita vemos la vida cuando todo nos sonríe, cuando creemos que somos los reyes del mundo porque lo tenemos todo: Una familia que nos quiere, unos amigos con los que reímos y disfrutamos de los placeres que nos ofrece la vida, un trabajo que nos llena mas o menos, y dinero con el que poder darnos esos caprichos, que aunque no sean necesarios, nos hacen ser uno más en este mundo capitalista.

Trabajamos de lunes a viernes, o sabado si no eres tan afortunado, en unos horarios normales, y volvemos a casa donde somos recibidos por nuestra pareja. Hablamos un poco de la jornada laboral de ambos, y si tenemos descendencia, nos preocupamos de su educación. Y si disponemos de alguna hora libre, la dedicamos a algún hobby para llenar nuestra monótona existencia.

Y cuando llega el fin de semana, cargamos con todos los bártulos, nos juntamos con familiares o amigos, y nos disponemos a olvidar los sinsabores de la semana en el trabajo, y a dar rienda suelta a nuestros primitivos instintos capitalistas. Así van pasando los años, vamos envejeciendo nosotros y los de alrededor. Vemos crecer a nuestros hijos y a los hijos de los demás. Nace una tercera generación, e incluso una cuarta. Y que bonita ha sido nuestra vida.

Pero muchos no podemos presumir de esta maravilla. La hemos conocido, por supuesto, pero hemos aprendido la otra cara de la realidad, esa que también existe, pero que no queremos reconocer. La cara del fracaso, de la soledad, del desamor. Esa otra realidad aparece cuando menos lo esperas, cuando la burbuja de la felicidad revienta. Aparecen problemas familiares que pensabas olvidados, pero multiplicados. La relacion con tu pareja se termina, porque existen unas necesidades por ambas partes, que no son correspondidas. En el trabajo te despiden, porque no cumples las expectativas de tus jefes, a pesar de llevar muchos años y sin ningún problema.

 Y los amigos, esos a los que tu eliges, siempre los vas a tener a tu lado. O eso esperas. Pero no es por olvido o por omisión. Las circunstancias anteriores hacen que no dispongas de ellos tanto como a ti te gustaria. Entonces es cuando te sientes solo y abandonado, y maldices todo y a todos. Es cuando realmente conoces el lado oscuro de la vida.

No puedes salir con los amigos o la familia, porque están ocupados en sus familias. No puedes salir porque no tienes trabajo, y por tanto los ingresos son mínimos. No puedes llorar a tu pareja, contarle tus problemas, porque tu pareja es tu almohada y ella solo se moja y escucha. Es en estos momentos de soledad y de desamor cuando recuerdas lo bien que estabas, y te das cuenta que hoy estas arriba y mañana puedes estar abajo. Por eso a los que estais arriba os digo: “Aprendamos a vivir en los buenos momentos, porque en los malos se aprende por obligación”.

Jue25May202300:57
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Autor: Victor Lowenstein
Género: Microrrelato

Amor supremo

Amor supremo

   Pasaba la medianoche y el club de jazz estaba lleno de humo y caras cansadas. Hasta yo mismo quería irme a casa. Si no lo hacía era porque me dejaba retener por el anciano sentado a mi lado en la barra, que me contaba historias. Historias a cambio de cervezas.

   Cuando Trane subió al escenario el aire cambió. Apenas apoyó la boquilla del saxo tenor sobre sus labios, dejó escapar un fraseo muy suave, que nos envolvió y nos hizo entrar en las orillas de un mar irresistible. Subió por las escalas de ese mar hasta trepar raudamente por un riff largo y lírico, que estalló luego en un oleaje polirítmico que salpicaba síncopas y nos arrastraba mar adentro gozosamente.  

   Como de lejos oigo la voz de mi camarada de copas diciendo: “nadie, pero nadie ha llegado tan lejos como Trane en el bebop; ni siquiera Charlie Parker se arriesgaba tanto”   

No deseo escuchar una palabra más de esa boca desdentada y parlanchina; sólo me place escuchar a Trane y entender lo que me dice su música. Justo cuando suena el gong de “Amor supremo” y todo se detiene en el salón del club. Los cigarros dejan de golpetear los ceniceros; las risas se suspenden en gestos de perplejidad y hasta mi camarada de copas se ha quedado mudo. La voz del saxo se multiplica hasta ser un coro de voces; una epifanía llamando a oración. Un Mi mayor, sutil como el dedo de un ángel toca nuestros corazones donde la palabra no llega ni el humo alcanza.

   Ahí termina todo. Hemos sido bendecidos. Los dedos de Jim Garrison se apartan de las cuerdas del contrabajo dolorosamente; Elvis Jones deja caer los palillos. Mc Coy Tyner baja la tapa de su piano. El humo invade nuevamente el salón. A través de las ventanas se ven los rostros de Dexter Gordon y Coleman Hawkins sonriendo y no hay duda; hoy ha sido una noche de jazz…  

                                                                                             Víctor Lowenstein.

Mié24May202323:55
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Autor: Mauro Cartasso
Género: Microrrelato

El ardid

Con un ardid amoroso el zorro atrapó la oveja, quien maniatada junto al caldero parecía estar resignada a convertirse en la última cena de su captor. En ese momento trágico para uno y gustoso para el otro, se suscitó un pequeño diálogo entre los presentes.

—Siempre he sido muy ingenioso para la caza, difícilmente se me ha escapado alguna presa. Lo raro, es la facilidad con la que tú has caído en mi engaño. —Comentó el zorro al tiempo que sazonaba un caldo que olía exquisito.

La oveja, con ojos de carnero degollado, sabiendo que no tendrían que ser sus últimas palabras, hábilmente contestó.

—Cuantas veces te has enamorado zorro?...

—Enamorado? —, contestó él, sin percatarse que la oveja tramaba algo. —Un maestro del engaño como yo, libre y experto cazador que razón tendría...

La oveja, confiando que sus palabras la ayudaran a no ser cena de nadie, se animó a más.

—Es que yo te he observado dijo, mostrando una seguridad que resultaba imposible pasar por alto. Más de una vez, mientras sigiloso te llevabas alguna de mis hermanas pude ver tus ojos, tus patas y la forma en que las seducías.

El zorro interrumpió.

—Un momento, quiere decir que tú me habías descubierto y no les avisaste a las demás?. Pe... pero como... Si jamás me he descuidado.

La seguridad de zorro se había esfumado como el suave vapor que manaba de la gran olla de caldo. No discernía entre lo peligroso y lo importante, el por qué la oveja había traicionado a los suyos... de qué era capaz?.

Fué así que dejó que se acomodase mejor y sin dejar de revolver el caldo, mientras cortaba y agregaba unas verduras la alentó a que siguiera con su relato.

—Parece que he llamado tu atención sr. cocinero, te aviso que no soy una traidora y tampoco he perdido la razón. Digamos que el amor, a veces, se nos presenta de formas extrañas.

El zorro ya totalmente perdido, comenzó a pensar en los interrogantes que rondaban su cabeza, había estado enamorado?, cuántas veces?, qué es el amor?...

Revolvió el exquisito caldo, dejó el cucharón en la mesa y mirando a la oveja con cara de sorpresa arremetió. —Y tú... qué es lo que sabes, de dónde sacas tú, tanta seguridad. Sin ir tan lejos fíjate la posición en la que te encuentras, creo que distas bastante de ser la querida invitada y realmente, que tanto te importaría mi vida a minutos de convertirte en cena—. La vehemencia en sus palabras denotaban cierta certidumbre pretendiendo infructuosamente tomar el control de la conversación.

La oveja, sin mediar respiro, mirándolo fijamente, y ya sin ojos de carnero degollado le contestó. —Tú eres ese a quien con pasión me he entregado y ya que nunca lograré ser tu querida, seré tu cena y así siempre viviré en ti... "mi amor".

Totalmente desconcertado el zorro mientras le retumbaban esas dos palabras, dejó los utensilios de cocina sobre la mesa de madera, miró el caldero humeante, volvió a mirar la oveja, se tomó la cabeza con ambas patas como diciendo "qué estoy haciendo?", los ojos se le llenaron de lágrimas y elevando un aullido al cielo, cogió el cuchillo y de un solo movimiento cortó las cuerdas y las patas maniatadas ya no lo estaban.

La oveja se paró de un salto y baló de alivio, con los ojos llenos de lagrimas se arrimó vergonzosa, cosa que hasta el momento no había demostrado y acercando su hocico al zorro lo besó. Éste, quien por primera vez experimentaba sentimientos, dejó el cuchillo nuevamente en la mesa y tomó entre las patas a su dulce y tierna enamorada para continuar el idilio mientras se preguntaba... por qué ha de doler tanto el corazón, será esto el amor?.

No lo era, la oveja había tomado el cuchillo y con un movimiento casi quirúrgico, sin mancharse la lana, lo hundió en el pecho del zorro. Así lentamente éste cerró sus ojos y creyéndose muerto de amor se dejó fallecer.

La oveja tras romperle el corazón, libre y sin apuro, se sirvió en un cacharro un poco del caldo y saboreándolo se fue alejando del caldero; verdaderamente estaba exquisito.

Mié24May202323:52
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Autor: Mauro Cartasso
Género: Microrrelato

Salir del encierro

Escribo este texto bajo una fuerte presión, ya que cuando salga no sé si podré eludir el virus. Sin dinero y casi agotada mi provisión de comida, que es lo único que hace tolerable la cuarentena, no puedo seguir soportando más este encierro. La Ciudad fue una de las zonas con más actividad, se autorizó el sesenta por ciento del comercio. La gran epidemia estaba entones en sus comienzos y el sistema de salud aún no había colapsado, así que la gente no fue consciente del contagio hasta un par de semanas más tarde.

Pasaron varios días hasta que al fin nos dimos cuenta de nuestra condición como conejillos de indias, a pesar que el contagio programado parecía una solución viable, en lugar de una inmunización en masa solo disparó una mayor ola de infectados y por consiguiente la mayor cantidad de víctimas fatales. Fue en ese momento que la incertidumbre hizo que nos aislemos aún más, las compras se hicieron esporádicas, la escasez comenzó a ser preocupante y la desesperación de la soledad me atrapó dentro de este mar de almas enfermas.

Con el paso de los días comprendí que debía alejarme de la ciudad, del foco infeccioso y buscar un destino que me diera la posibilidad de subsistir. El tiempo era bueno, se acercaba el invierno, los días soleados no eran cálidos pero el frío ayudaba a mantenerme en constante movimiento. La esperanza de encontrar la forma de alejarme de esta peligrosa desolación me mantenía en contacto estrecho con la realidad.

Los controles ciudadanos se intensificaron y los gubernamentales casi desaparecieron por lo que una incipiente insurgencia civil se hizo de las calles. Éstas estaban vacías pero los controles imposibilitaban la circulación interjurisdiccional, los pasos a través de los límites estaban interrumpidos por bloqueos, cemento y montañas de tierra, difícil sería la tarea de atravesarlos. Esto no impidió que mi cabeza, aunque exhausta, trabajara en un plan de escape siendo las primeras opciones destinos conocidos, localidades cercanas y abiertas.

Durante varias horas estuve pensando y meditando si salir era la mejor opción, llevábamos ya mucho tiempo y aún no sabemos todas las formas de contagio posibles. De a poco el plan iba tomando cada vez mayor cuerpo.

Los últimos días dormí poco y fui preparando lo que creí necesario para atravesar la ciudad, el primer cordón de la provincia y los trescientos kilómetros que me separan de la costa atlántica, destino que creo más viable en este momento.

El día de hoy amaneció nublado y frío, decidido me abrigué para el viaje, un poco asustado tomé los anteojos, lápiz, papel y bajo una fuerte presión escribo este texto.

Mié24May202319:06
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Autor: Fran Márquez
Género: Microrrelato

Persecución

Me sudan las manos mientras agarro con brusquedad el volante de mi auto. El perfume de mujer y mi olor corporal crean una mezcolanza sucia y peligrosa. La aceleración me mantiene pegado al respaldo del asiento. El pie, estirado, presiona el pedal hasta el fondo, intentando atravesar el chasis de mi Mustang. La mirada al frente, el cuello en tensión y mi yugular a punto de estallar. Oriento los ojos en dirección al espejo retrovisor y calculo la distancia que me separa de mi perseguidor. Treinta metros, veinte, diez... Siento la embestida, brusca y seca, los ojos de Martínez inyectados en sangre y la saliva saltando de su boca mientras las sirenas de la patrulla insisten en que me detenga.

—¡No voy a parar! ¡No permitiré que me atrapes!

Le grito, pero sé que no me escucha. Está encolerizado. Hubo un tiempo en que fuimos compañeros. Tomás, un agente ejemplar con una proyección envidiable dentro del cuerpo de policía y yo, un recién llegado, un díscolo y desvergonzado novato. 

Han pasado dos años en los que he observado y analizado el comportamiento de mis compañeros hasta sacarlos de quicio. He sido expedientado en varias ocasiones, pero el comisario se ha visto obligado a mantenerme en el puesto; al fin y al cabo, algo bueno tiene que tener ser hijo del Teniente Alcalde. Además, conozco los entresijos de la corrupción, he presenciado acuerdos ilícitos, incluso he participado de algunos de ellos. Por eso se me da tan bien este trabajo, sé reconocer a un delincuente cuando lo tengo delante.

Durante todo este tiempo, he cambiado varias veces de compañero hasta que me asignaron al intachable inspector Martínez. Su rectus implacable, su orden, su fama de correcto y paciente... Todo es pura fachada. Llevo un año vigilándolo en la sombra hasta encontrar su punto débil. 

Hace media hora que abandoné aquella nave perdida en la montaña. Allí hay un quirófano improvisado de una agencia ilegal de contrabando de órganos. Su modus operandi es frío y despiadado. Las víctimas permanecen sedadas hasta el último momento. Yo llevo tiempo involucrado en la investigación, pero nunca pensé que Martínez fuese a estropear el operativo de esa manera. 

Llegó enfurecido, sin avisarme de que había descubierto la ubicación donde se realizan las extracciones. Comenzó a disparar a diestro y siniestro hasta acabar con la vida de los dos matones que vigilaban la entrada, el cirujano y el anestesista.

«¿Este es el hombre tranquilo y paciente?», pensé mientras salía de la nave sin que se percatase de mi presencia. Después, se dirigió a la sala contigua y alzó entre sus brazos a su esposa que yacía adormecida sobre una camilla. Al dejarla en el asiento trasero de su coche patrulla, vio las luces de un coche y decidió seguirlas.

Y así he llegado a esta complicada situación: descubierto por mi compañero el mismo día que engatusé a su esposa para tener una escapada romántica en una cabaña en la falda de una montaña. La cara de sorpresa de mi amante al descubrir que había sido engañada solo se asemeja a la mía al ver llegar a su marido a la nave en la que iba a ser destripada. No tengo ni idea de cómo me ha descubierto, pero lo que tengo claro es que, si me detengo, él mismo me arrancará cada órgano con sus propias manos.

Fran Márquez

Mar23May202319:42
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Autor: Numerosliterarios .
Género: Microrrelato

Resaca

Era sábado once de la noche y como ya llevaba haciendo desde el 8 de abril de dos años atrás, me senté en la barra al lado de la zona reservada para los camareros.
Miré alrededor, el ambiente estaba tranquilo. El barman se acercó a saludarme mientras colocaba “lo de siempre” ante mi.


- ¿Algún día me tocará mi ración? –me preguntó seductor.
- Lo siento cariño, te tengo en demasiada estima -le respondí rozando sus labios con la aceituna del cocktail, a lo que reaccionó mordiendo con delicadeza el brillante fruto hasta robárselo al palillo que la separaba de mis dedos. Solté una carcajada.


Al poco, la puerta del local se volvió un trasiego de gente con ganas de disfrutar de la velada.
Varios hombres que se me hacían conocidos se sentaron en la barra y pidieron sus tragos. Pronto llegaron las invitaciones y mis rechazos.
Nada interesante. Esta vez, las horas se prometían aburridas. Hasta que apareció él, un incauto desorientado pidiendo una bebida de alta graduación. Lo tenía.
Hice un gesto al camarero y le cambió la bebida.


- No es bueno beber whisky solo. -le dije.
- Bueno, creo que ahora no lo estoy.
- ¿Qué te hace pensar que me voy a quedar?
- Quizás si le pongo interés lo consiga.
- Umm, lo dudo, solo vengo a advertirte que eres un jugosa presa.
- ¿Una presa?
- Sí, un hombre solo con la cartera caliente buscando borrachera es blanco fácil de alimañas.
- No le tengo miedo a los demonios, acaba de dejarme uno con cara de ángel.
- ¡Uhhh! Un corazón roto. Cariño, eso es aún peor. Las mujeres desesperadas huelen a kilómetros la pena.
- ¿Ah sí? ¿Y qué podría pasarme?
- Podrías terminar en un altar.
- ¿Tiene algo de malo?
- ¡Ohh, de verdad!, estás en peligro. ¿Crees en el altar? Te van a cazar seguro.
- Y tú estás aquí para, ¿Salvarme?
- Más o menos. Yo soy el ángel que viene a curar tu alma, San Pedro dice que mis bordados son los mejores.
- ¿Y si prefiero seguir con la herida y buscar el pecado?
- Entonces, has tenido mala suerte, hoy no es la noche de la barra libre de besos.
- ¡Ay qué lástima! ¿Y quién organiza la barra libre?
- Alguna que otra diabla, esa parte no la conozco.
- Pero la biblia dice “ amaros los unos a los otros” ¿Cuál es el problema?
- Lo siento, no me interesa, los ángeles no tenemos sexo.
- ¿En serio? Mirándote cualquiera lo diría.

Me detuve a observar sus ojos. A pesar de la provocativa conversación, el brillo de sus pupilas conservaba la misma tristeza con la que había entrado al bar. Quedé callada. Este tipo no era como los de sábados anteriores. Cómo podría vengarme aprovechando la fragilidad de su dolor si la sentía tan pura en su mirada.
Me vi sentada un ocho de abril de hacía dos años, pidiendo un trago tras otro hasta perder la nitidez de todo en el fondo del vaso. Juré no volver a sentir, reírme de mi propio corazón y jugar con la pérdida ajena para demostrarme a mi misma que estaba por encima de cualquiera. Resultaba fácil, en cuando los inconsolables abandonados detectaban los encantos femeninos, enterraban cualquier signo de debilidad para imponer el poder de sus hormonas. Ellos por su propio pie caían en la trampa, yo, simplemente, les daba un pequeño empujón.
Pero este hombre me mantenía el pulso con frialdad y eso me intrigaba.

- Te acompaño a casa.
- ¿A casa? Pero si eres un ángel, ¿Vas a dejar el cielo?
- No, simplemente quiero arroparte y asegurarme que tienes dulces sueños.
- Querido ángel de la guarda, creo que será mejor que te acompañe yo a la tuya, no son horas propias para un ser celestial como tú, permíteme que sea este modesto mortal quién te proteja. Llevo un ajo que le pedí al camarero.
- ¿Un ajo? Eso es para los vampiros.
- Oh me equivoqué de película. ¿Seguro que no usaban ajos para los demonios?


Recuerdo despertar al día siguiente con una resaca de pasión que aún me sacude el cuerpo. Esta vez, la araña se enredó en su propia red. Tanto, que sigue atrapada por unas brillantes pupilas.

Mar23May202317:28
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Autor: Gaizka Azkarate Saez
Género: Microrrelato

Esos Momentos

Aprovechaba su tiempo de baja para pasear,
por esos lugares que le transportaban a un mundo de paz, de relax,
donde la única preocupación era....... No hay preocupación.
Sentado en un banco, disfrutando de los rayos de Sol.
La playa, el mar en calma, la gente paseando,
y disfrutando de un tiempo veraniego en periodo primaveral.
Estos son los momentos que necesita el alma,
los momentos inolvidables que nos gustan disfrutar,
los momentos que nos recargan las pilas en los momentos de bajón.
Mar23May202316:05
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Autor: carlos jose toro escalante
Género: Microrrelato

El destino

 Cierta  tarde   salía de mi trabajo en  bicicleta      me quedaba un rato  en  el club de ajedrez ♟️ jugaba partidas de 5 minutos  a 3 minutos , mi vida se había vuelto muy monótona  mi cotidianidad se había vuelto  existir , solo eso existir ,  luego de salir del club  pensé  como en una partida de ajedrez  me dije a mi mismo y si cambio de ruta , todos los días sigo el mismo patrón , y si pedaleo  por otro itinerario?  , que me lleve a mi casa ,?

Ese día  pedalie por otra ruta  , en ese itinerario   visualize algo distinto ,  una chica que también andaba en bicicleta 🚳 morena pelo rizado , esbelta con  una cara muy simétrica ,  en una recta yo la pasé luego ella también lo hizo ,  me dió un sonrisa afable  yo también le de volví , la sonrisa  ella cruzo a mano izquierda  y se despidio de mi   y en ese momento sentí , que las cosas no pasan por casualidad ,  y en el fondo de mi ser  me dije cruza y búscala . En ese instante pedalie hasta alcanzarla  y me dió una sonrisa  y me dijo : volviste , crees en el destino le dije que si    ella contesto: está escrito nada pasa por casualidad!❤️

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